martes, 13 de enero de 2009

www.salvadoresdecabroncitosenacción.org



Sigue nevando. Siguen heladas nuestras madrugadas con temperaturas de 10º bajo cero. Cómo por esas latitudes no hay personas humanas "homeless", por razones obvias de climatología, que de haberlos habido, se habrán , digo yo, extinguido de forma natural, y porque todavía por aquí existen estas leyes ancestrales de hospitalidad que bajo ningún concepto tu honor te permite dejar a nadie, aunque sea forastero que es lo peor que se puede ser en aquellos parajes, y que nosotros, aunque benevolmente aceptados, lo somos y lo seguiremos siendo hasta dentro de varias generaciones si cupiese en nuestras intenciones dejar aquí generaciones para el futuro, pues no puedes dejar que nadie duerma en la calle o que se quede sin cenar. Bueno, a lo que iba, pues cómo no hay "homeles", personas humanas se entiende, hemos montado de urgencia una ONG en nuestra ventana, comedor benéfico para todo tipo de cabroncitos en vía de extinción por congelación o inanición.

Están los "cabroncitos-cabroncitos", los petirrojos, las lavanderas y varios tipos de carboneros, aunque todavía no he conseguido "captarlos" a todos. ¿Habéis visto alguna vez un "trepador azul"? En cuanto lo capte os lo mando, que a Álvaro le tiene subyugado.
Y ahora voy a desvelar el origen de la palabra "cabroncitos". Que todos estos apelativos peculiares que usamos, responden a momentos precisos, delicadamente inscritos en nuestra memoria colectiva, la de Álvaro y yo, y que nadie puede usurpar así como así. Bueno, los pueden utilizar , pero jamás hacerse dueños de su historia. Pués fue durante nuestro primer viaje juntos, que ibamos a pasar unos cuantos días recorriendo los Ancares, y nuestra primera parada, primera noche, en un pueblo olvidado del mapa, en el que nos dieron cobijo . Pensión de las de antes, en casa de una señora de toda la vida, que nos dió de cenar una col hervida y una lechuga recien cogidas de su huerta, que nos parecieron exquisiteces. Habitación somera que daba a un patio de piedra cuyos muros estaban cubiertos de densa hiedra. Por la mañana descubrimos que esta oscura hiedra escondía en sus entrañas a toda la pajarería local. La madrugada se nos llenó así de cantares y piares in crescendo. Y yo, muy dormida todavia murmuré "¡Ay, qué cabroncitos!"Al Barito, que se moría por mis huesitos , le enterneció el momento y lo quiso dejar grabado para siempre adoptando como suyo el apelativo.
Sigue nevando.. sigue funcionando salvadoresdecabroncitosenacción, se admiten donativos...

2 comentarios:

Tom dijo...

Los ingleses son muy aficionados a dar de comer a los "pobrescabroncitos" desde hace mucho. Seguramente porque son gente civilizada que ha apreciado desde tiempos de Darwin a los animales, no como los cabestros ibéricos que aún siguen viendo los "cabroncitos" nada más que como un suculento aperitivo de bar cochambroso (los famosos "pajaritos fritos"). En el Reino Unido la gente suele irse con la familia y los prismáticos y saben identificar decenas de especies de aves, mientras que aquí el equivalente ibérico es que el cazurro (o engominado) de turno se va con la escopeta y el chaleco de camuflaje y no sabe diferenciar más que tres tipos de "especies": las perdices, las palomas torcaces y las "águilas" (estas últimas, por supuesto, hay que exterminarlas porque "se comen la caza"...

Unknown dijo...

Maria José, ésas fotos de pájaros son muy apropiadas para la portada de un libro de cuentos para niños,
así que ya que ya puedes empezar a escribirlo (el título podria ser...
"La posada de los cabroncitos).

Besos,
Ignacio