Eran pueblos nombrados por mi padre. Villefranche, Corneilla, Prades, Thuir..
Dónde la carreta de mis ancestros se paraba en busca de trabajo, de lo que les ofrecían: recoger tomates, melocotones , plantar maíz. Eran "braceros" y venían huyendo de una España cruel e intolerante en la que ellos, pobres campesinos, habían tenido la osadía de renunciar a la religión católica para luego hacerse anarquistas.
Liberto se llamaba el bebe que llevaban en brazos y era mi padre. Nombre inspirado, supongo, por su larga estancia en Barcelona entre 1908 y 1910, y la "semana trágica" que ahí vivieron.
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La route de Prades |
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La Gare |
La casa se había partido y vendido años ha, después de un ir y venir de herencias discutidas y peleadas. Mi padre se mantuvo al margen, dejó a una hermana mía la tarea de ir a firmar papeles.
El paso a nivel![]() |
La maison de grand-mère - La grange |
Le Soler había crecido. Urbanizaciones, zonas industriales, grandes edificios , una ciudad-dormitorio de Perpignan.
Al desconcierto, siguió una certeza. ¡"Hay que buscar le passage à niveau"!
Primero buscamos la gare y una vez allí mi comportamiento se pareció al de una madre gata en busca de sus retoños.
Calzábamos entonces las famosas espadrilles catalanes, que más de una vez se nos escapaban en el ir y venir, quedando atrapadas entre las vías, y que recogíamos veloces, antes que las aplastará las ruedas del tren.
Delante de la puerta aparcaba mi padre su flamante 403 verde, que le rayamos, mi hermana y yo, con la bici. Que nunca nos atrevimos a decirle la verdad. Que lo atribuyó a la envidia de un vecino al que no volvió a dirigir la palabra. El mismo vecino que, volviendo de los campos al atardecer con su burrito blanco,venía a buscarme. El burro se negaba a ir más allá de la esquina hasta que acudía yo, y le daba alguna golosina. Un trozo de zanahoria , un terrón de azúcar.
Se me saltaban las lagrimas. Hubiese querido que la casa estuviese en venta y haberla comprado. Por mis hijos, mis nietos y nuestra dispersa memoria familiar.
Nuestras vacaciones ya no eran las mismas. Iba cargada de un trozo de pasado que nunca conocerían mis hijos, y del que tendría que hablarles. Rápido, qu'il n'y en a plus pour très longtemps
Seguimos camino hacía Collioure, dónde nos esperaba un calor sofocante y un camping que parecía un garaje. Pero una playita contigua y un zambullido en el mar, me devolvió la cordura.
Las burbujas doradas explotaban en mi cabeza.
La gema de color que había dejado el recuerdo en mi mano desprendía un frescor reconfortante.
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