Clausurada la Mostra de Ascaso. Recogidos y limpiados hasta el último rincón de Casa Juez con los voluntarios-amigos que nos quedamos para esa tarea. Bajadas las basuras a sus oportunos contenedores, el Barito y yo emprendimos aventura viajera y de camping.
El coche hasta los topes, la Cobita, ¿Cómo no? asustada.
Decidimos dejarnos llevar por el viento que ese día soplaba hacía la izquierda, o sea, dirección Ainsa. Ahí volvimos a girar siguiendo una flecha que decía " Francia..kms", por el túnel de Bielsa.
A media tarde, encontramos nuestro primer camping municipal, en la Vallée d'Ossau, alguna de las communes d'Aragnouet.
1ª noche: Camping impecable , bonitas vistas, pero el ruido del torrente impidió un sueño realmente reparador, y la estrechez del Valle , la entrada del sol para calentar nuestro primer desayuno aventurero. Pan francés, un camembert oloroso y regalado pues estaba "périmé", y una deliciosa mermelada de myrtilles.
Vuelta a empaquetar tienda y enseres. La Cobita , cada vez más asustada (¿Nos olvidaríamos de ella en cualquier rincón francés, con tanto ir y venir?).

y un maravilloso camping, no municipal pero barato, con piscina de aguas tibias y jacuzzi.
Dos noches de delicioso sueño bajo la lona de nuestro nuevo hogar de fortuna.
De desayunos con croissants calentitos que nos llevaba el panadero local.

Pero todo tiene un fin en la vida aventurera, y seguimos camino. Al Oeste, siempre al oeste, aterrizamos en Aucun.
4ª Noche de camping. Un poco más masificado, pero igual de barato que los otros. Con unos vecinos ingleses que tenían una perra que se llamaba Georgia.
A la mañana siguiente seguimos rumbo viento del oeste para llegar a "nuestro" valle mítico, el de Aspe y el camping de Lescun.
Ahhhh! Qué bello.
Al pie de una montaña mágica, en medio de un "cirque" impresionante, un camping amable y silencioso, que te invitaba a instalarte sin prisas , sin limitaciones de parcela bajo cualquiera de sus arces , tilos o abedules hospitalarios.
Cómo disfrutamos esos últimos dos días.
La Cobita, por fin se relajó. Entendió que el mundo no se acababa si nos íbamos juntos al baño y la dejábamos un ratito sola. Que la tienda era su hogar, el coche su cama.
Todo en gran desorden de cacharreria, ropa sucia, ropa limpia, bañadores y toallas, zapatillas y calcetines.
Visitas de preciosos pueblos, tan conservaditos, tan decadentes, tan de sabor a mi infancia.
Cenas en el bar "Le Berger", cocina casera, pirenaica, con una insuperable sopa de verduras y confit de gallina.
Dos noches de tormenta, con el viento ululando, los relámpagos iluminando nuestro techo y los truenos alejándose poco a poco. Y nosotros acurrucaditos, abrazaditos y calentitos, esperando que termine.
Dos noches de tormenta, con el viento ululando, los relámpagos iluminando nuestro techo y los truenos alejándose poco a poco. Y nosotros acurrucaditos, abrazaditos y calentitos, esperando que termine.
Fue cuando descubrí, amigos, que tengo alma de nómada. Que quiero seguir viajando por dónde sopla el viento, con la casa a cuestas.
Cualquier mañana, como en "Chocolat", el viento del Norte nos impulsará a recoger bártulos y desapareceremos en busca de un mejor destino.
2 comentarios:
Cogemos un carromato grande y nos vamos los 4. Perdón, los 7, con Cobita, Tomás y Pepo
Ojala..
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