
Hartos de lluvias, frío y negruras, nos decidimos por una semana de luz. El sur de Murcia, Calnegre, muchas veces en nuestro punto de ruta, pero nunca alcanzada, consiguió nuestra mutua aprobación. Aunque los pronósticos del tiempo eran inciertos, nos fuimos para allá.
Alquilamos un estudio, bastante cutrecillo y falto de mucho más que lo superfluo, pero con una ventaja que lo hace hasta recomendable: está en la misma playita de Parazuelos, a un par de kms. de las Puntas de Calnegre. !Qué delicia nuestro primer desayuno entre mimosas!


El descubrimiento de la ciudad de Águilas, recorrida en pro de víveres para nuestra gran semana de aislamiento mediático.
Una preciosa ruta de vuelta avistando el mar.
Para seguir con el disfrute de no tener nada más que hacer que dejarse llevar por los caprichos del tiempo
Paseillos por esta playa, solo para nosotros, con el sol de cara y el viento a veces de popa, a veces de proa , que nunca sabré reconocer popa de proa, lo que al marinero compañero le resulta incomprensible, pero hay cosas que es mejor no investigar, dejarlas en el cajón mágico de lo desconocido.
Álvarito volando cometas.
El corazón sosegado, la mente reposada.
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Poco a poco fuimos descubriendo el parque natural de Calnegre. Recorriendo parte de la pista hasta Cabo Cope, que transcurre entre paisajes agrestes y abruptos, para abrirse al mar a cada paso.

A babor, o a estribor, que ya
expliqué que los términos marinos los dejo para las novelas de Conrad, en el dulce sabor de la infancia, teníamos la bahía de Mazarrón, con la playa de Bolnuevo. Otra vez pista y manta, colinas y calitas, esta vez en arena dorada, esculpida por la sal y los avatares del temporal, para lucir más bonita.
1 comentario:
Las vacaciones en Calnegre han sido así de buenas, pero la descripción de Mijo es mejor aún.
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